La Ruta

sábado, 4 de mayo de 2019

Jurasik park

Ese territorio detenido en el tiempo, la Gran Sabana, nos recibió en un estallido de inmensidad y silencio, bañados de sol.
Subimos casi trepando hasta esta planicie de muchísimos km2 solo habitados desde siempre por los varios pueblos originarios, y aquí permanecimos algunos crepúsculos pedaleando, sin ver ciudades, sin electricidad, casi sin trafico vehicular en la carretera, y en un montón de otras "carencias" de modernidad que enaltecen la Gran Obra.
El paisaje impacta desde el primer pestañeo... esa multiplicidad de flores de todos los colores y formas extravagantes, todo lo abundante de vegetación exhibida en tamaño bien pequeño, pues quizás no quiere opacar la magnificencia de la sabana. Esas visiones alineadas a nuestra derecha y a la izquierda el cordón de perfiles inconfundibles, los macizos excéntricos, los dioses de estos pagos, los tepuy perpetuos.










Mil ríos  cruzan como arterias  esta masa rocosa, llevando todos en sus margenes cordones de arboles que subrayan en altura esos cauces de vida transparente que se desliza sobre piedra escalonada, los podemos ver en la planicie dibujando en verde,  lanzándose en cascadas inverosímiles y allí nos detenemos, estupefactos una y otra vez  para recorrer con mas minuciosidad los jacuzis naturales que abundan, con pinceladas de minerales en suaves superficies pulidas por la eternidad, para sumergirnos en estas aguas que presuponemos helada y nos sorprende cálida casi siempre.
Aparecen también en el decorado de esta vegetación pequeña, muchas lenguas de arena blanquisima e inexplicable que ciega la vista, nos hace detenernos una vez mas para desterrar la duda de que sea sal, pero no... arena! y otra vez la grandeza, el silencio, la vastedad del horizonte nos ponen siempre al pendiente de ver algún dinosaurio pasando despreocupado....













 Los  verdaderos dueños de estas tierras están organizados en muchas comunidades pequeñas que conviven en armonía con la naturaleza y cultivan en los cerros sus parcelas cuidando de los tepuy..
Aquí en los territorios de las formaciones mas antiguas de la tierra, la policía pemon porta arco y flecha como armamento, los caciques se eligen periódicamente, el idioma se mantiene como la gastronomía, autóctona y el tono de voz siempre es bajito, pues las leyendas dicen que los gritos enojan a los  tepuy y su cólera es temida, se pide permiso para iniciar caminatas, se hace silencio cuando el sol se pone
Y luego, cada noche el cielo inmenso se queda sin espacio para mas estrellas en un espectáculo antiguo y magnético


sábado, 23 de marzo de 2019

Puerto Cayo


 Llegar a puerto cayo significo un reencuentro con los afectos que inicialmente nos acompañaron en los albores de nuestro viaje, allá en argentina,  fue la reunión de la familia viajera en la plenitud de cada momento vivido
Esa promesa de  encuentro con los chicos empujo cada pedaleo en todo el norte de Perú.. sumando a Santi a este sentir de un domingo en familia a repetir en cada jornada.









Disfrutamos  puerto cayo en un tiempo no cronológico, a pura risa con pinceladas de playa, en un hogar bien confortable que nos tenían preparado Cande y Moja para vivenciar el sueño de la casa en la playa con ocasos de postal a diario y arenas infinitas en comodato de exclusividad, jugando con ballenas mientras adivinamos el destino de las brigadas de pelícanos presurosos que cada jornada se dirigen al sur en formación impecable…





El morar a las afueras de este pequeñísimo pueblo casi sin comercios, que late en los rituales del mar y la pesca como motor de la vida, nos dejo jugar a ser artesanos, mientras a hermanis Santi lo galardonaban por su arte de esculpir arena, y así poco a poco nos hicimos parte de esa cotidianidad tan mansa amalgamando la fraternidad del grupo de jinetes a pedal… bailamos en la calle, expusimos en las ferias, participamos de la pesca, hicimos karaoke, nos animamos a la cocina autóctona y obvio, nos invitaron al casamiento del momento









Nuestros anfitriones Ron y Janet fueron el ejemplo de esa vida sin tiempos que tanto idealizamos, el mensaje persistente y silencioso. Ellos nos tranquilizaron cuando el suelo se puso rebelde en aquellos días de temblores repetidos, que despertaban un mar embravecido y las alertas de tsunami en simulacros constantes.
Festejamos el cumple sorpresa del Doc en estos pagos, los 5 alrededor de la mesa y cerquita de un fuego, a orillas de esa piscina con palmeras que le daba el toque exótico al asado tan ansiado.



Luego calentamos los motores para la partida en una excursión a Jipijapa a casa de Hugo, a las cascadas de agua fresca, llenas de ardillas, pájaros y frutas para cosechar, y poco mas adelante, un día partimos a colonizar otros calores con nuestros corceles de aluminio, en la valentía de seguir agradeciendo cada despertar y las oportunidades que aun no acaban.













PD: Los extrañamos siempre, niños… gracias gracias.











sábado, 19 de enero de 2019

La Ruta


Ese lugar donde transcurrimos y nos transcurre gran parte de este viaje-vida, me invita  en lo cotidiano a meditar, a observar y observarme, a descifrar la incógnita de la geología y la geografía que me envuelve, a agudizar mis sentidos, a sintonizar mis latidos con el canto de los pájaros, a saludar en cada mariposa a algún ser querido que se acerca, a inventar catálogos de “verdes” para pintar en mis retinas la variedad de la flora, a buscar en las nubes los diseños imposibles, a escuchar la música de ese maestro silbador llamado viento…
Así tan mínima, esa que a simple vista se desliza como una menospreciada y monótona cinta gris que traspasa limites mientras me aleja o me acerca… conduciéndome entre perecederas líneas blancas hacia destinos con nombres propios… ella, la ruta, la vía, la pista, la carretera, la trocha, va cambiando su denominación después de cada frontera y me guía a hilvanar anécdotas inolvidables
Ella, en sus promesas de ascensos sigzagueantes que te hacen temblar las piernas casi sin mover el velocímetro o de sorpresivas bajadas adrenalinicas a puro grito, nos pasea por los climas mas variados y es tema de conversación y consulta antes de cada nuevo tramo.
En sus mobiliarios agrestes es permanente anfitrión de encuentros imborrables, con otros viajeros, o campesinos que se hacen eco de la aventura, o transeúntes curiosos que regalan sonrisas y frases de aliento, poniendo el espacio y ese umbral de tiempo ilimitado que permite a todos engullirnos en el aquí y ahora
A menudo la ruta se enlaza con los hilos del pensamiento para conducirme puertas adentro a paisajes mas conocidos, mas sentidos…  me suele permitir dar rodeos para llegar por algún punto cardinal diferente, a  mirar los océanos de mi vida con otra luz y tal vez, algunas horas pasan en Narnia pedaleando sueños, charlando conmigo mientras tarareo las canciones que se vuelven pegajosas …  hasta amigarnos mas con algunos de los tantos seres que nos habitan