Tilcara querido…
La amalgama de los sabores que mixturan tiempo y paciencia
en una caricia sin contornos, se respira en cada momento, en este destino
salvado del pálido sucederse de los días..
Acá, ahora, ahorita, cada singular experiencia bajo estos
soles hipnóticos nos viste de la humildad correspondiente ante la magnificencia
de la madre naturaleza, el silencio aturdidor del paisaje, la tranquilidad
contagiosa de las personas que habitan estas alturas, y la sincronicidad
maravillosa con que la vida nos premia…
Como perlas engarzadas de un brazalete, se suceden nuestras
jornadas… y así andamos, absorbiendo sol para la fotosíntesis de la alegría cotidiana…
en este sano regocijo del conocimiento hecho a través de experiencias, de
practicar a diario intercambios que no involucran el dinero y estimulan los
instintos y la confianza, generando poderosos anticuerpos a la apatía y el
individualismo… va transcurriendo este tiempo tilcareño en la confirmación de
que el mundo es aun un buen lugar para vivir.
Un párrafo aparte, una experiencia que se fija diferente en
nuestro recuerdo, un afecto lleno de melodías, les debemos a nuestros
anfitriones (no se en que orden nombrarlos) Ceci, Maria, Blas, Susana… de la
gran casa que nos cobija el cuerpo y el alma, que nos sorprende en violines, nos emociona con conciertos de piano mientras
preparamos la cena, nos sacude con el
cine de mensajes fuertes, nos llena de brillo con las mañanas pobladas de risas
infantiles y …todo esto enmarcado en al abrazo de la confianza absoluta, del
afecto sin currículum … si SI, recontra confirmando que podemos compartir con
las personas algo mas fuerte que las diferencias.
Y aquí en la quebrada las tardes de juego se suceden bajo títulos
diferentes, en esos seudónimos que les inventamos para que combinen con el
marketing … trekking, pedaleadas, búsqueda de restos fósiles, habitar cuevas donde
el hombre vivió hace miles, salidas fotográficas, geología, avistaje de formas
en las paredes de los cerros, ángeles arcabuceros colonizadores de apachetas, anécdotas
sin tiempo relatadas por abuelas sin edad, búsqueda de senderos de piedras en
lechos de ríos de piedra, en mares de piedra homogéneas, y en esta fracción de
eternidad nos acompañan transeúntes que coinciden en este espacio-tiempo, o compañeros de juegos…
que se suman con esa espontaneidad y optimismo sin barreras, con sus niños interiores bien
exteriorizados
Y en los alrededores de esta casa temporal… descubrimos
colores en muchas variantes…
- Waira
con su río de piedra que intenta desorientar nuestra orientación , con
caminos sinuosos, angostos, y en el filo de los cerros que cuando uno
puede vencerlos nos premia con la majestuosidad de sus cavernas en un
silencio estruendoso
- Juella
o Jueya con su gente amable que da bienvenidas a los viajeros, en su cerro
amarillo custodiado y defendido por estas mismas personas que se tornan
una sola para pelearla y su pucara custodiado en su base por Alcira que
nos pide escuchar el silencio de los antiguos y nos enseña su historia, y así
también antes de iniciar el paso, pedir permiso a la pachamama. Y el mismo
Pucara custodiado por sus guardianes, los Cardones que se yerguen en toda
esa meseta y que en el saber de los originarios toman los espíritus de sus
guerreros
- Maimara
… sus laderas del cerro que alguna vez un universo ocioso se detuvo a
jugar con sus colores y pinceles creando esa maravillosa paleta o por su
camino interno bajo el sol y donde el viento juega con la polvareda , nos
descubre las quintas como jardines floridos con colores indescriptibles y
aromas que invitan a un lento pedaleo
- La Garganta
del diablo una caminata de horas nos permite descender a una quebrada de
paredes altísimas donde el sol por
momentos pide permiso para entrar, con un hilo de agua que juega a cambiar
recorridos y piedras de formas, tamaños, colores distintos que se obstinan
en formar puentes sobre el agua para llegar por fin a la cascada
ruidosa imponente con su agua fresca que nutre esa porción de tierra
generando esa preciadísima vida verde.
- Huichaira camino a un poblado cuyo entrada no dice nada pero al atravesarlo sus cerros multicolores enmarcan
un valle que sorprende con su viñedo, sus casas color cerro que se
mimetizan en ese paisaje, que luego
de una curva permite encontrar una escuela donde aun se tañe una campana y
da acceso a una subida difícil pero que premia con un mirador excepcional
donde se contempla toda esa
inmensidad





- Uquia
… la ruta nos llevo suave y descansados y nos recibió con una plaza con puertas y
rodeadas de puestos de tejidos multicolores , coronada por una iglesia antiquísima
y su colección de ángeles arcabuceros, al costado de la misma un camino de
tierra nos lleva al cementerio y por detrás de este un portal a un nuevo
espectáculo de la naturaleza, “ la quebrada de las señoritas” , con sus
cerros rojos que rodeaban un gran valle verde y al caminarlo permitieron
encontrarnos con todos los matices de colores en sus laderas que parecían
derretidas tomando formas dentro de sus formas y al final del mismo una
gran pared blanca que provocaba en uno profunda admiración ….








- Visitamos
el taller de Haro Galli, podríamos decir que de “casualidad”… pues se nos
cruzo en el camino.. y junto con su atelier, descubrimos toda esa gama de
colores y formas ante las cuales es casi imposible permanecer inmune, y al
hombre.. al artista, en su
simpleza, en su visión de su tierra que plasma con tan prolífica
producción en su cerámica y pintura mostrando el conocimiento del alma de
su gente.



- Volvimos
a Purmamarca algunos mediodías,
para pedalear un rato, sentir el viento y medir nuestra tozudez con la
pendiente del camino… Y cada vez encontramos la plaza vestida con los colores y el
silencio de sus montañas. Salimos a caminar por sus colorados, a buscar
formas en el altísimo horizonte que dibujan las montañas, con colores
que aparecían de acuerdo a como la
luz del sol jugara y con senderos
que se cruzaban, acusando el paso del hombre, también rodamos cierto día
hasta allí a recibir una maratón donde participaba Raúl y su perro
Beethoven y pudimos redescubrir un “Purma” casi naranja (era el color de
las remeras de los maratonistas), con una asistencia multitudinaria que
cambiaba los espacios del centro sin interferir en esa calma silenciosa
tan tradicional. De regreso a
Tilcara la posta de hornillos nos ofreció de pronto una parada de descanso
emulando siglos pasados, y la charla con el guía del museo, en la sombra
fresca, inyecto energía y curiosidades










y asi como en otro dia de juegos, hoy, nos despedimos de Tilcara, de muchos seres que nos iluminaron el caleidoscopio de sensaciones del pecho.