Nuestro derrotero comenzo en El Cadillal, luego de pasar una semana en casa de Mario (el Tucu ) y Virginia, en esos días sin contornos, el abrazo amoroso de los anfitriones, nos mimaron el alma, en su mesa rodeados de sonrisas y anécdotas, en pleno agasajo de las papilas gustativas ( gracias Virginia).
Desde allí, cada vuelta de pedal nos llevo camino a San Javier, en el inicio de una de las múltiples y difíciles trepadas. En este camino pasamos por la cascada del río Noque que se cruzo inesperadamente como una picada en la yunga a la cual no pudimos resistirnos, en enmarañado descenso por una selva de verdes intensos que se abrió en cause seco de piedras que nos condujo a la cascada.
Iniciamos la jornada siguiente con un ascenso de 5 km que nos llevo varias horas completar llegando a San Javier y luego el esperado descenso, pasando raudamente por Villa Nogues, a vivo uso de los frenos hasta llegar a San Pablo, eufóricos y sorprendidos, por el hecho de lo que nos tomo 1 día y medio subir lo bajamos en 1 hora y media.
La llegada a San Pablo nos trajo la alegria tan esperada, el grupo se duplico, con la llegada de Cande y Moja que nos acompañaran en esta aventura un buen buen rato...

Ahi van los trashumantes, buscando encontrarse con la madre naturaleza, lo que ella no les dijo es que ellos son sus hijos y los lleva en sus brazos para enseñarle su propia belleza.
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