La Ruta

miércoles, 18 de abril de 2018



Llegamos a Tafi del Valle y fue un festejo pleno de encuentros, pues el movernos permanentemente en los espacios físicos y los vínculos, genero un acelerado sentido de pertenencia a este familiar entorno familiar. Esta numerosa y dinámica familia que conformamos salio en masa a la competencia de kayaks en El Mollar, al río Loro a palpitar  aguas blancas, tareas varias en el hogar y reuniones alrededor de la mesa, pintaron un fin de semana bien distinto ( gracias familia Rasuk)








Fuimos luego “inquilinos de bungalows con forma de cárcel pero con carteles de welcome” ( by Cande ) en los días que nos tomo armarnos de coraje para enfrentar el mentado ascenso al Infiernillo.
Y ese día, justo cuando el pronostico del clima lo aconsejo, nos investimos en dosis extra de entusiasmo y capacidad de asombro, e iniciamos el pedaleo en plano inclinado hacia esa cima lejana que prometía flotar sobre las nubes. El ascenso fue físicamente difícil pero las risas, el acompañamiento, el sentido de grupo ganado en los días previos,
y el aporte importantisimo de UNI fueron el soporte indispensable para acceder a ese podio donde los cóndores como dioses nos coronaron.

















Eufóricos, y sintiéndonos bendecidos por cada momento, comenzamos el descenso lento, obligados por el estado de la ruta que nos invito a vislumbrar y degustar estos raros paisajes nuevos así… despacio. Los verdes se volvieron escasos, las piedras se multiplicaban en el entorno, y los colores tierra  dominaban la escena
La aridez circundante maquillaba todo de resquebrajado, erizado, punzante, y así se sentía no solo en la garganta seca al respirar, sino también en la piel… y en esos inauditos lugares, donde el agua parece no existir, la vida sigue  fluyendo a borbotones. Este paisaje antagonista a nuestro entorno habitual húmedo, nos fue acunando en oleadas de curiosas novedades hasta las callecitas de Amaicha, que nos recibió en uno de sus inevitables días de sol y con un entusiasta anfitrión amigo de brazos abiertos.

                                    








                                          

La casa del Aspero fue toda una sucesión de agradables sensaciones, que apapacho nuestro cansancio extremo de la primer noche con un silencio infinito y un cielo estrellado casi sin fronteras.
Este hogar cálido en todos sus componentes nos albergo con sus paredes curvas como abrazos, en una sucesión de lúdicos dias que entreveraron desayunos de algarroba, peluquerías de juguete, concientizacion exhaustiva del uso del agua, sobresalientes cenas de autor, relajadas noches de charla, caminatas polvorientas, ocasos gloriosos. Esta cariñosa comodidad, nos mecía en un encantamiento apacible que nos retuvo varias jornadas, mientras recorrimos el dique, participamos de una vendimia  familiar, y asistimos a la plaza en el único sábado de lluvia que se escabullo del habitual periodo pluvial.
Y como si todo esto fuese poco, recibimos un regalo extra de afectuosidad … la visita de Gaby que desvió su camino para un abrazo y un café.




 













Entonces  algún lunes, desde la misma plaza que nos recibió, partimos para el norte, mas  al norte.. con una cinta asfáltica sin planos ascendentes transitamos entre risas y paradas fotográficas las horas hasta las ruinas Quilmes.
Los pocos km que las separan de la ruta fueron de un ripio difícil que nos bajo de la bici por momentos, esos mismos momentos donde afloraba como cada vez, la contención del grupo… y claro, luego como no querer instalar en semejante sitio nuestra casa de caracol, permanecer una vuelta completa de la tierra emulando un día en la vida de los Quilmes.
Si, nos concedieron el deseo, y las coloridas carpas tomaron forma entre tantos hogares ancestrales de piedra, derruidas por el tiempo. La noche llego a cubrirnos con un manto inigualable de estrellas.





















La salida de las ruinas nos arruino, nuevamente,el ripio martillo sobre los hombros , brazos y cuello, dejando su recuerdo en el transitar del resto del dia, el resto de la ruta fue de fácil trayecto y colección de rosetas que insistían en desinflar las ruedas, con todo éxito en la bici del Doc. Empezamos a transitar el camino de los viñedos y así dejamos Tucuman ingresando a la provincia de Salta.













2 comentarios:

Unknown dijo...

Hermosos paisajes! Seguimos pedaleando con ustedes amigo Esrnesto. Más bendiciones para ustedes!!!

Unknown dijo...

Los sigo a donde vayan mientras espero el momento en que el universo vuelva a cruzar nuestros caminos.