La Ruta

domingo, 15 de abril de 2018

Tucuman comienzo del viaje

Desde SanPablo,  iniciamos el periplo con el primer reventón de neumático a escasos 150 metros de la partida, y desde ese preciso momento se mostró la jocosa actitud del grupo, transcurriendo con alegría las situaciones no-tan-placenteras
Nuestro primer destino fue Famailla, hacia donde nos impulso la gastronómica tentación de las empanadas “campeonas del mundo” … llegamos al mediodía, y siendo dificultoso encontrar dicha empanada campeona revertimos la situación en un divertido almuerzo a la sombra de ese inigualable cualquier lugar, y luego los cuatro, en plena siesta famaillense, empezamos a rodar nuevamente por una ruta que fue de uso sorprendentemente exclusivo.
A pleno sol empalagoso, los llanos caminos que bordeaban frutales tentadores e interminables, dieron el marco amigable para “presentarnos” en acción, haciendo las veces del contenedor periodo de adaptación y relajado acercamiento








Y así, la ruta nos dejo, opíparos de alegría en el pequeño poblado de Santa Lucia, mas luego “UNI” nos tentó a permanecer unos días allí, pintando en el cielo tormentas indecibles sobre los cerros circundantes….. y así, simple, la convivencia fluyo entre danzas y juegos en la risueña amalgama de lo absurdo, poniendo cada incertidumbre como un reto y cada contratiempo en plano de diversión, fueron apareciendo en la tarde el “nuke” al uso nostro y el famoso y no menos mentado palitroque, en el que Seba demostró su innata habilidad y destreza en este popular juego.







Entonces, empezaron a aparecer los personajes y latiguillos, en esa permanencia movediza y creativa de algo mas de dos días en el ex – ingenio, les abrimos las puertas a nuestros niños interiores y salimos a jugar, afianzando esta familia rodante. 
Rumbo a la yunga salvaje en historias de "yaguareteses feroces" e inmensas tarántulas que nos quitaron el sueño, partimos de Santa Lucia, en pleno apogeo de nuestra comisión directiva en el club social y deportivo, con las risas anchas y los sentidos expectantes, olfateando lo que veíamos y escuchando lo que sentíamos… o sea, sintiendo con todos los poros que “la felicidad solo es real cuando es compartida” como dice siempre mi amigo Chapita.

Así avanzamos ese día, en insistente ascenso ( m.s.n.m.), siempre con la capacidad de sorpresa a flor de piel, las piernas exhaustas, el corazón galopando enloquecido, los ojos maravillados, los aromas envolventes, las mariposas incontables y las risas, las risas, las risas…
Temprano en la tarde el paisaje nos sedujo cual canto de sirenas, y ahí mismito tendimos campamento en reverencia absoluta, en una de las curvas del camino zigzagueante (Cuesta del Indio), donde nos recibió Hugo, otro ángel de guardia para bici viajeros.











La majestuosa yunga nos abrió las ventanas a ese verde vida, la altura de los árboles es tan imponente como la profundidad de los precipicios, pero la flora insiste en ser un telón compacto que oculta toda esa mágica escena a los ojos descuidados

En esta colección de momentos inolvidables, subir y subir por la cuesta, nos fue mostrando la estratificación de los verdes y también nuevos interrogantes y curiosidades, todo enredado en la dificultad física y el esfuerzo que la ruta demando en esos 2 días de curvas y maravillas.
En este transcurrir de vueltas de pedal, UNI supero expectativas, a la vuelta de una curva, nos encontramos a  Agustín que inesperadamente descendió de su nave  con abrazos y gritos…  y trufas de energizante algarroba, el evento nos dejo perplejos y antes de que la algarabía disminuya, apenas un rato mas tarde cuando caminábamos la cuesta empujando las cargadas bicicletas apareció Mario y Virginia quienes se llevaron todos nuestros pesados bártulos hasta Tafi, lo que nos convirtió al instante en livianos cicloturistas fotógrafos de los milagros de la pacha, que nos mostró sus distintas facetas donde la yunga fue cambiando desde la selva densa y húmeda  hasta un bosque bajo abundante de arbustos y pastizales para llegar al Mollar que nos regalo un camino de descansado descenso hasta Tafi del Valle.
Llegamos, llegamos, llegamos!!! superando la meta que nos habíamos fijado en El Mollar, pasamos raudos hasta Tafi,  eufóricos y exhaustos buscábamos sinónimos a la alegría, con el ego inflado y el sol aun picando los hombros, entonces el perfil de poblado  en el horizonte cercano fue el regalo final de la jornada.












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